El auténtico valor

CUENTOS Y POEMAS

Página Oficial del Dr. Oskar Salazar, Maestro de Qi Gong (Chi Kung)
Estoy aquí, maestro, porque he perdido la confianza en mí mismo, me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada.

-Me dicen que no hago nada bien, que soy torpe y que cometo muchos errores. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo:

-Cuanto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después… -y haciendo una pausa agregó– Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este asunto con más rapidez y después, tal vez, te pueda ayudar.

-E… encantado, maestro –titubeó el joven,  sintió que otra vez no le valoraban y que sus necesidades eran postergadas.

-Bien –asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó- toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete ya y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió.

Apenas llegó, comenzó a ofrecer el anillo a los mercades. Estos lo miraban con cierto interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Y cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros se volvían para darle la espalda y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarla que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.

Alguien finalmente le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado –más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.

Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.

Entró en la habitación.

-Maestro –dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

-Que importante lo que has dicho, joven amigo –respondió sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. No importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar.

El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:

-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.

-¡¿58 monedas?! –exclamó el joven.

-Sí –replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… si la venta es urgente…

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Hay algo que debe quedar grabado en tu corazón. Tu eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y  como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un  experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el de pequeño de su mano izquierda.

 

Con mi mejor energía,

Oskar

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